En la vida de todo cristiano llega un momento en que todos somos enfrentados con una realidad y esta es que debemos aceptar y ver las cosas como Dios las ve y no como nosotros las vemos o queremos ver. Hay una diferencia enorme entre la percepción que tenemos los seres humanos acerca de muchas cosas y la percepción que tiene Dios de lo mismo.
(Isaías 55:8) Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el SEÑOR.
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