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¿Qué dice la Biblia sobre el temor?

“Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”

Romanos 8:15 (LBLA)

El temor bloquea, la fe libera

may 31 2008

Temor epidémico

¿Ha notado usted que vivimos en una sociedad basada en el miedo y que todo causa ansiedad estos días? Todo lo que usted tiene que hacer es mirar las noticias o leer el periódico, y vera que la ansiedad y el miedo han crecido a niveles epidémicos y se convierten en el patrón de vida de millones de personas.

La gente hoy en día vive asustada; le tienen miedo a todo, temen morir de alguna enfermedad, temen no poder pagar sus cuentas, temen perder sus trabajos, temen no poder tener nunca hijos, temen no llegar a ser buenos padres, temen no llegar a ser buenos esposos(as), en fin temen no tener el carácter suficiente para manejar sus vidas y esto les provoca episodios de ansiedad o pánico algunas veces temporales y otras veces permanentes.

Ansiedad

Muchos hablan de ella, muchos la padecen, pero muy pocos saben de que se trata y aunque se habla de ella a niveles médicos y físicos, existen situaciones muy profundas que la desencadenan y que no solo provienen de situaciones meramente físicas sino que también espirituales.

Normal

La ansiedad si bien es cierto es una reacción normal del cuerpo según la medicina, sus episodios prolongados y recurrentes tomando en cuenta su intensidad son las que la identifican como un desorden psicológico digno de ser tomado en cuenta, pero según la ciencia es una manifestación común, no existe ser humano en la tierra que no experimente un episodio de ansiedad en su vida.

¿Real o en mi cabeza?

Esta se caracteriza por uno o todos los síntomas que la conforman: nerviosismo extremo, dolor de cabeza permanente, sudoración excesiva y temblor de extremidades, dolor de pecho, sensación de querer salir huyendo de donde se encuentra, pensamiento de que va a morir o va a perder el juicio, pánico extremo etc. Todas estas terribles manifestaciones físicas del cuerpo son la fiel evidencia de que hay algo a nivel mental que afecta a la persona y que su cuerpo de alguna u otra manera trata de sacar o liberar ese estrés intenso que lo agobia y lo hace a través de reacciones físicas extremas.

La mayoría de las veces estos síntomas nos hacen correr al médico y lo desconcertante del caso es que la mayor parte del tiempo el médico no encontrará nada físicamente hablando afectando al cuerpo, es probable que todos los exámenes salgan bien y que nuestro cuerpo funcione a la perfección, sin embargo aun así nos sentimos mal por lo que el doctor es casi seguro que nos diga que lo que padecemos es de un desorden psicosomático que quiere decir que nuestras emociones están influyendo en nuestro estado físico y que lo que estamos experimentando no es más que un ataque de ansiedad o pánico, algo muy conocido y común en la psicología moderna.

Temor

A parte de los síntomas desagradables que mencioné anteriormente el principal problema de la ansiedad es su factor “temor” pues es un bloqueador de voluntad, la persona eventualmente no tiene la voluntad de comer, de salir, de ver a otras personas, de trabajar, de estudiar, etc. pues cree que algo malo le va a ocurrir en alguno de estos lugares, básicamente tiene miedo a morir, sufre de una hipocondría temporal la cual es imaginar lo peor de todo síntoma común, piensa que un simple dolor de pecho es un ataque cardiaco o que un dolor de cabeza es un tumor etc. y al alimentar este pensamiento, entran en escena los nervios, el cuerpo empieza a desarrollar adrenalina, el corazón empieza a latir más rápido, se empieza a respirar aceleradamente dándole al cuerpo más oxigeno de lo que necesita (hiperventilación), la vista se empieza a nublar, se empieza a sentir mareado, las extremidades se adormecen y en pocos minutos sienten que se van a morir, cuando en realidad no está pasando nada, lo que necesita es sentarse, calmarse y respirar lentamente y al cabo de unos minutos habrá pasado todo.

Un circulo negativo

Toda esta dramática situación que describí anteriormente crea un trauma a que otro episodio pueda repetirse creando un circulo de temor interminable y negativo del cual se forma una fobia al salir de la casa o hacer cualquier presencia pública y se encierran en sus casas, pues creen que les va a pasar lo mismo en otro lugar y talvez en público y temen ser objeto de burla o de que todos crean que está loco o mal de la cabeza.

Si lo notaron esta clásica descripción de un ataque de pánico o ansiedad es una cadena de eventos, primero está el estrés o el agobio de alguna situación que no se sabe manejar, luego de eso viene un sentimiento de fatalidad que se manifestará en alguna molestia (dolor de cabeza, mareo, nerviosismo etc), que evoluciona en un temor sin sentido que se apodera de la persona haciéndole pensar que quizás morirá, y el cuerpo al sentirse amenazado por este pensamiento reacciona haciendo un despliegue de reacciones físicas desagradables que le harán creer en verdad que está muriendo y sin embargo la persona esta perfectamente bien y todo esto ocurrió solo en su mente.

¿Por qué se da la ansiedad?

Bueno, las razones son múltiples, son tantas las situaciones de la vida diaria que pueden afectar a una persona y turbar su paz, que no se podrían enumerar todas sin embargo si puedo decirles que el lugar donde se desarrolla es uno: la mente. Es en la mente donde se desarrolla este padecimiento. Se trata más que todo de lo que hay en ella y como se toma lo que hay en ella. Por decirlo así, si en tu vida hay problemas y situaciones por solucionar y tu mente no es capaz de encontrar solución a aquello, tu cuerpo se confabula contra ti para sacar aquello sin resolver de la mejor manera que puede, encendiendo todas las luces de alerta en tu cuerpo diciéndote por todo lado que hay algo mal y que necesitas hacer algo al respecto.

En terapias psicológicas al paciente se le lleva a través de un proceso donde empieza a hablar y a sacar todo lo que le afecta con el propósito de dar con el punto de su temor, se le dan ejercicios de relajamiento para que aprenda a cómo reaccionar ante un ataque de pánico, se le insta a hacer ejercicio para disminuir el estrés y eliminar toxinas, dietas y eliminar cosas que desequilibran el sistema nervioso como el alcohol y la cafeína y si el caso lo amerita se le remite a un psiquiatra para que lo medique y este es un proceso largo e incomodo, pues puede traer adicciones a medicamentos y complicaciones posteriores.

En fin, todo esto sirve en su momento pero no hay un método humanamente hablando que busque erradicar el problema de la persona, solo enseñan a entenderlo y a vivir con él, a controlarlo cuando aparezcan los síntomas y a consumir fármacos para tapar el problema.

Yo estoy convencido de que hay otra forma, de que existe otra manera. Sin quitarle méritos a la medicina y a sus profesionales, yo creo que el problema es más profundo de lo que se ve y hay que atacarlo de raíz y no por encima.

La ansiedad y el creyente

Habiendo aclarado que es la ansiedad, su factor miedo y sus síntomas, quiero hablarles de cómo esto influye en nuestra vida como creyentes y cuál debe ser el papel del creyente ante ella.

La ansiedad existe en todos los estratos sociales, se da en niños, adultos y ancianos incluso existe entre la misma iglesia, en diferentes niveles, muchas veces no llega a manifestarse a nivel físico, ni a niveles extremos como lo ilustraba anteriormente pero si se da a niveles de estrés elevados, temores infundados, dudas y circunstancias que llegan a bloquear a la persona, ya sea a nivel físico personal o espiritual y le hacen ineficaz en la obra de Dios.

Es curioso como incluso en el pueblo de Dios existen los que temen el no llegar a estar a la altura de lo que todos sus hermanos en la fe esperan, tienen ansiedad de correr más rápido que los demás, ansiedad de aprender más como si de una carrera se tratara, ansiedad de sobresalir más, llevan el evangelio y su proceso personal de una manera tan acelerada que en vez de experimentar el proceso de Dios en sus vidas, experimentan agotamiento espiritual y físico, carga y desmotivación pues llevan su proceso a una velocidad más rápida de la que Dios quiere trabajar en ellos. Por lo que empiezan a desarrollar actitudes erróneas, estrés elevado y una apatía hacia la obra y hacia los hermanos.

Están los que temen no poder mantener esa aparente templanza, perfección y espiritualidad que muchos ven en ellos y temen a equivocarse y al qué dirán, no se dan el chance de equivocarse como todos, no buscan consejo, no trabajan con su situación y por eso cuesta que logren levantarse con la ayuda del Señor Jesucristo de una forma sana y exitosa pues aun cuando caen no piden ayuda por el miedo a que su reputación se vea afectada y todo esto se convierte en una carga para ellos, alimentando miedos, dudas e inseguridades que tarde o temprano llegan a apagar su ánimo y a opacar su fe, y toda esta presión y afán consecuentemente los lleva a un declive de salud y aun desgaste de fe.

El temor, la ansiedad, la depresión y otras manifestaciones físicas de nuestro cuerpo son el resultado de cómo están nuestros pensamientos y sobre todo nuestra fe.

El temor es un agente corrosivo de la fe, una persona amedrentada por lo que ve a su alrededor, atrapada en la ansiedad de cómo haré esto y como saldrá aquello, que dirán si esto o que pensaran si aquello, tiene su fe corroída por mentiras del maligno. Los síntomas de la ansiedad son solo el efecto físico de algo profundo a nivel mental y espiritual, los síntomas de malestar es de lo que menos debemos preocuparnos, pues estos tienen su límite y su duración, sino que la raíz de la ansiedad es el problema, pues erradicándola a ella, los síntomas seden.

Nuestro Señor Jesucristo hablo de este afán y ansiedad que la gente siente por todo lo que acontece en sus vidas y les exhorto a tomarse las cosas con calma y tener fe en que Dios es quien hace las cosas y no ellos.

Mateo 6:25-34 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

A nivel espiritual el miedo es un arma que el diablo ha sabido utilizar exitosamente a través de los siglos y que aun hoy le funciona pues pone a las personas a dudar en lo que Dios puede hacer.

Un ejemplo claro es cuando la enfermedad ataca nuestros cuerpos y nosotros sabiendo de antemano que Dios es capaz de curar toda enfermedad y que su palabra dice que por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:5), viene el diablo con dardos de temor y duda y nos dice: 1. ¿Estás seguro(a) que Dios te puede sanar? 2. Ya oraste y aun te sientes mal, seguramente no te escucho. 3. Debe ser que estas mal con Dios y por eso Él no escucha tus peticiones. 4. Debe ser que estas orando mal. 5. Estas perdiendo el tiempo y te vas a morir. 6. Eso que tú tienes no tiene solución. 7. ¿Tú estás seguro(a) que Dios existe? 8. ¿No es que Dios cura y sana? y mírate aun estas mal. ….y miles de pensamientos más que estoy seguro que todos hemos tenido en ocasiones de enfermedad.

Sin embargo no debemos ignorar que estos son los ataques clásicos del diablo y que Jesucristo está en control de todo por lo cual debes mantener la calma y tener una firme convicción en tu corazón de que Jesucristo es capaz y suficiente para levantarte de tu enfermedad y aun de los muertos si fuera el caso pero para salir victoriosos de estos ataques del maligno debemos tener una fe bien plantada, teniendo grabado muy dentro de nuestros corazones que Jesús está en control y que ante su presencia el diablo, la enfermedad, la ansiedad y el temor no son nada, te lo repito para que lo grabes en tu mente los ataques del enemigo ante la presencia de Jesucristo “no son nada” y deben someterse a su autoridad.

Hay que mantener una firme convicción de que Dios escucha y no solo de que escucha sino que también responde y que es capaz de sacarte de esa situación a pesar del dolor, a pesar de lo que el médico dijo, a pesar de lo que el diablo te dijo, a pesar de lo que tu propia razón te dijo. Recuerda que la ansiedad y el temor vienen a raíz de lo que vemos y oímos y lo que creemos de ellos es lo que nos afecta, sin embargo como creyentes debemos saber por encima de todo esto: Que los creyentes no vivimos de lo que vemos o oímos, sino que vivimos por fe, fe en Jesucristo el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:2).

Conclusión

Mi amigo(a) estoy completamente convencido de que solo se puede vencer los problemas y la ansiedad provocada por este mundo si se camina por fe, pero fe en Dios, yo no le estoy hablando de una fe emocional de gritos y grandes despliegues públicos de supuesta espiritualidad, ni de rituales o costumbres, no estoy hablando de tener fe en la gente ni en figuras públicas o líderes espirituales, ni mucho menos una fe en nosotros mismos y nuestras capacidades, tampoco hablo de fe en fabulas o supersticiones, si no una legítima y bien fundada fe en Jesucristo.

Hay que entender que mientras que la fe es una demostración pública y evidente de la confianza que tenemos en Dios y su palabra, el miedo es una demostración pública y evidente de nuestra confianza en las mentiras del enemigo. Siendo la fe en Jesucristo el medio de conexión entre nosotros y Dios por medio de la cual vemos la mano de Dios operar en nuestro alrededor, el miedo es el camino hacia lo contrario, es la conexión hacia todas las miserias que el diablo tiene para los hombres, entre ellas la ansiedad.

No debemos tolerar ni aceptar a vivir en temor, cuando la gente acepta o tolera el miedo en sus vidas, están abriendo una puerta muy difícil de cerrar, ellos están siendo engañados sistemáticamente por el enemigo con el propósito de entrar y gobernar sus vidas y arrasar con todo indicio de conocimiento del poder de Dios de sus mentes y sus vidas hundiéndolos en el pánico y la desesperación.

Sin embargo, usando la palabra de Dios como supresor del miedo crea y desarrolla una fe audaz que es poderosa, pues es a través de la fe que obtenemos la victoria que Dios nos ha dado a través de su hijo Jesucristo.

Es el ejercicio de la oración y de la palabra de Dios la que nos da la victoria y erradica el miedo. Sometiéndonos a Dios en oración, declarando oportunamente porciones de la palabra de Dios que se apliquen a la situación adversa que estamos pasando y declarando que Dios ya habló por tanto dicha situación debe someterse a su palabra y afirmando que por cuanto está escrito es garantía de que esta hecho y de que Dios respaldara aquella declaración de fe, pues él no miente.

Por ejemplo si el sentimiento de temor por deudas te sobreviene y te pone en un ataque de nervios y desesperación tu declaras la palabra de Dios y confiadamente dices: Mi Dios, suplirá todo lo que me falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús basado en lo que dice Filipenses 4:19 y así sucesivamente contraatacando todo sentimiento de temor y todo ataque del enemigo, teniendo la confianza de que Dios responderá. Esta confianza en que Dios se encargará de tus problemas y erradicará tus temores y tus ansiedades, pues ya no es tu lucha sino ahora es de Dios, quien es capaz de vencer.

Mi amigo(a) Yo te insto a que hables con Dios y a que leas su palabra y empieces a experimentar su poder, acércate a una iglesia donde prediquen la palabra de Dios y aprópiate de todas las promesas que Dios tiene para tu vida y olvídate del temor.

Los pensamientos de temor y duda siempre estarán ahí tratando de hacer nido en nuestras mentes. No debemos ignorar que nuestra mente es el área que el enemigo anhela controlar, pues una persona con su mente sometida al temor, es una persona inútil e ineficaz en la obra de Dios y esto es algo que no debemos de ignorar: En la obra de Dios siempre hay algo que hacer, todos estamos llamados a un propósito bajo la voluntad de Dios y el diablo desea impedir que logremos ese propósito y el temor es una fortaleza que él usa, es un retén para mantenernos bloqueados y aislados de la voluntad de Dios en nuestras vidas. No permitamos eso y derrumbemos esa fortaleza en el nombre de Jesús.

Al principio de este mensaje les hable de una manera de erradicar la ansiedad y el temor y a través del mensaje les he ilustrado la idea general sin embargo se resume en una fórmula que no falla:

Fe en Jesucristo + Oración + El continuo ejercicio de su palabra = no más temor, ni ansiedad.

Compruébelo por usted mismo(a) y anímese en el Señor.

Si usted no ha aceptado al Señor Jesucristo en su vida y quiere experimentar ese cambio que tanto desea y salir del temor y la ansiedad, he escrito una oración de guía para usted y creyendo en su corazón sea libre:

“Señor y Padre celestial, aquí estoy ante tu presencia, reconociendo que solo tú eres Dios, reconociendo que soy pecador y débil y que nada puedo por mi propia cuenta. Hoy me entrego a ti así como soy, a ti te entrego mis cargas, temores, angustias y mis defectos y te abro mi corazón, arrepintiéndome de corazón de todos mis pecados pidiéndote una nueva vida con la guía de tu Espíritu Santo. Señor Jesús creo en tu sacrificio en la cruz, creo que moriste por mis pecados y los del mundo y que resucitaste al tercer día para darme vida y en abundancia y para romper con todas las cadenas que me han atado por tanto tiempo. Declaro que por medio de tu sangre hoy soy limpio de toda culpa y a partir de este momento yo te recibo como mi Señor y Salvador. ¡Amén!”

Dios le bendiga,

Su hermano y amigo en Cristo,

Juan Carlos Sancho

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